'Trato de reivindicar el legado humanista de mi padre': Camilo Umaña

El hijo del reconocido penalista asesinado Eduardo Umaña Mendoza, crimen que cumplió este año 20 años sin ningún asomo de justicia, lo recuerda y habla de sus enseñanzas, en este país de abogados y de dolores abiertos. 

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Camilo Umaña tenía 12 años cuando su padre fue asesinado en su oficina, en el barrio bogotano Nicolás de Federmán. / Archivo personal

Este año se cumplieron 20 años del asesinato de Eduardo Umaña Mendoza, el más representativo defensor de derechos humanos del país. Un crimen que, aunque fue catalogado por la Fiscalía como de lesa humanidad en 2016, no ha tenido ningún asomo de justicia. Fue al mediodía del sábado 18 de abril de 1998, en su oficina, ubicada en el barrio Nicolás de Federmán, al noroccidente de Bogotá. Esta semana, Camilo Umaña, su hijo (también abogado), recibió su título como doctor laureado en Criminología, en Ottawa (Canadá). Una conversación con él sobre la justicia, la memoria de su padre y sus recuerdos de familia.

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¿Por qué estudió derecho?

Mi historia familiar me ha brindado una serie de herramientas que me permiten entender el mundo desde una perspectiva. Siempre me dijeron que el mundo se entendía desde la igualdad social, ese era un tema fundamental en lo que fuera a desempeñarme, ese tenía que ser un norte. Sumado a eso, yo era decente en Ciencia Sociales, era lo que mejor hacía, y me gustaba hablar en público, entonces consideré que tenía las habilidades, un legado familiar y el gusto, por eso escogí derecho. 

¿Cómo reaccionó su familia con esta decisión?

Para la familia fue un poco preocupante porque al seguir los pasos de una persona que habían matado por lo que pensaba, era romántico, pero a la vez angustiante por la situación del país y nuestra situación particular. Sin embargo, todos fueron respetuosos en no opinar mucho. A mi abuelo, Eduardo Umaña Luna, le hizo mucha ilusión. Él siempre quiso que yo estudiara en la Universidad Nacional. Yo me presenté al examen, lo pasé y me dieron el cupo en Derecho, pero decidí no estudiar ahí porque en el momento dije: si me saco cinco que sea porque lo hice bien, si me saco cero que sea porque lo hice mal, no por nada más. Si bien el tema de ser hijo de mi papá y nieto de mi abuelo es algo muy importante y muy bonito, no quería limitarme a ser el hijo de o nieto de...

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¿Qué admiraba de su padre?

Cuando era pequeño lo admiraba por su entrega y gran dedicación en lo que hacía, trabajaba todo el día y todos los días. Ya con el desempeño profesional he adquirido otras perspectivas, cosas que estimo y admiro mucho porque el derecho en Colombia es muy cerrado. Sobre todo los abogados que adquieren cierto estatus se despegan del suelo y de la gente. Mi papá hizo cada vez más el movimiento contrario, en cuanto tuvo más prestigio o le fue mejor en su desempeño profesional, estuvo más cerca de la gente y hacer ese movimiento requiere de una visión de humanismo muy fuerte.

¿Qué significó para usted, que en septiembre de 2016 la Fiscalía declarara la muerte de su padre como un crimen de lesa humanidad?

La lesa humanidad se refiere a que proviene de un plan conjunto a partir del Estado. Los observadores suelen quedarse en el tema de la no prescripción, pero en realidad la otra fase de la declaración es supremamente grave, es decir: sí, como Estado lo hicimos y fue sistemáticamente y, además, dicen: te vamos a conceder una cosa, no prescribe. Y la gente aplaude, pero en últimas el mensaje práctico es: nosotros como Estado lo hicimos y este caso se puede quedar abierto toda la vida, y así se quedó. Si no tienes un sistema social y jurídico que en realidad atienda esos problemas, la prescripción no tiene ninguna importancia porque no va a pasar nada.

¿Qué ha pasado desde entonces?

En este momento estamos en el escenario de impunidad, que tal vez puede ser trasformado con el tiempo, pero por ahora el proceso no avanza. Y cada vez que avanza medianamente un milímetro, es impresionante la capacidad del sistema para frenarlo… Y el tiempo pasa, no somos seres eternos… mi abuela, la mamá de mi papá, ya está muy anciana entonces ella no conocerá nada de eso. Si se hubiera hecho algo oportunamente se habrían evitado otros homicidios como el de Jaime Garzón… pero no se hizo nada. Entonces la justicia es una forma de injusticia.

¿Qué información se tenía en ese momento?

El mismo Eduardo Umaña había denunciado, cuatro meses antes de su asesinato, que había un plan de sectores de la Brigada XX del Ejército, funcionarios de Ecopetrol y de la Fiscalía para matarlo. Según declaraciones hechas en 2015 del comandante paramilitar Diego Murillo Bejarano, alias Don Berna, Carlos Castaño ordenó el asesinato de Umaña, que se llevó a cabo con apoyo de mandos militares.

Eduardo Umaña luchó por la tipificación del delito de desaparición forzada y su inclusión en el Código Penal, lo que sucedió en el año 2000. ¿Por qué fue importante la tipificación de este delito?

La desaparición forzada se basa en ocultar información, en llevarse a alguien y ocultar información. La tipificación de este delito fue importante en dos sentidos: primero en decir que puede haber una sanción penal, segundo en decir que es un fenómeno social que en realidad existe. Eso permitió y permite que pensemos en qué hacer al respecto. La tipificación pudo integrar a muchísimas diferentes iniciativas de la sociedad civil, del Estado, de la comunidad internacional en torno a visibilizar lo que está pasando y tratar de darle una repuesta.

¿Qué pasó después de esta tipificación?

Una vez se tipifica, la respuesta del Estado ha sido prácticamente nula. En lo que más ha comenzado a despertar una respuesta ha sido en el tema de exhumaciones y cuerpos, en el tema de responsabilidades es absolutamente dormitante. Entonces es importante ese despertar en el tema de identificaciones, de entregas de los cuerpos porque se lleva a que las personas y la sociedad pueda elaborar un duelo y entender qué pasó, pero falta la mitad y es entender quién lo hizo, por qué y cómo. Esa parte de la responsabilidad, en Colombia está como si estuviéramos al día siguiente de la tipificación, no hay una progresión frente a eso. Entonces existen más y mejores mecanismos para la búsqueda e identificación y entrega, pero en el tema de encontrar responsables y dar consecuencias a eso es absolutamente recesivo, no hay nada. Pasa que, si hay una norma jurídica sin materialización, la norma comienza a perder fuerza social y una norma sin fuerza social es como un ser humano sin alimento, muere.

¿Qué del legado de Eduardo Umaña cree que se debe perpetuar?

Trato de reivindicar esa memoria en la medida de lo posible, aplicando ese legado humanista. A mi papá por mas carteles que pegue o colegios que haya, ya no lo puedo revivir, es irrecuperable. Pero la memoria radica en las ideas y esas hay que echarlas a andar viviendo, tratando de hacerlas día a día y también compartiéndolas como se pueda sin el afán de transmitirlas, pero sí conviviendo con ellas para ver qué surge.

¿Qué representa para usted el mes en el que asesinaron a su padre?

Esa época es muy retadora porque me pone a pensar qué quiero transmitir y qué quiero proteger de ese legado. Muchas veces pienso en términos del aniversario, de la memoria, de la justicia. Este año seguimos adelante con diferentes iniciativas que vamos a hacer en términos de esa reivindicación.