Medellín, contra el estigma narco

La alcaldía planea una serie de acciones para honrar a las víctimas del narcotráfico. Entre ellas, demoler el edificio Mónaco, donde vivió el capo Pablo Escobar.

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El edificio Mónaco será demolido a finales de este año. / El Colombiano

En la madrugada del 13 de enero de 1988, los vecinos del barrio Santa María de los Ángeles, en Medellín, salieron despavoridos por el estruendo que sacudió las estructuras de sus casas y apartamentos. Ese día, el cartel de Cali detonó un carro bomba con 80 kilos de dinamita frente al edificio Mónaco, donde vivía la familia del narcotraficante Pablo Escobar Gaviria, y comenzó para la ciudad una azarosa época de terrorismo absoluto. Hoy, tres décadas después, la estructura en ruinas de este inmueble, en poder del Estado, constituye una parada clave de los llamados “narcotours”, representados por ávidos turistas que a diario se toman fotos en el sitio como si fuera un monumento. (Lea aquí: Demoler el Mónaco: ¿Para re-dignificar a las víctimas o para borrar el pasado mafioso?)

Las víctimas del cartel de Medellín y del narcotráfico, que en Medellín son muchas, lo consideran un símbolo de dolor usado para exaltar al victimario mayor y no para contar la terrorífica historia de más de 5.000 agredidos en la ciudad, en una época que la memoria debería referir desde otros protagonistas. Por eso, la Alcaldía de Medellín, con su titular, Federico Gutiérrez, persiste en su idea de demoler el edificio Mónaco a finales del año y, a cambio, construir un parque en honor a tantos que cayeron en la capital antioqueña por los delirios criminales de un mafioso que hoy es más recordado que quienes lo enfrentaron hasta el sacrificio. (Lea aquí: “Medellín no es la que muestra Netflix”: alcalde Federico Gutiérrez)

“No queremos desconocer la historia, sino cambiar los referentes que como sociedad hoy tenemos. Que los niños que no conocen quién fue Pablo Escobar Gaviria no lo vean como el Robin Hood que algunos quieren pintar. Mucha gente no conoce quiénes fueron Guillermo Cano, Rodrigo Lara Bonilla, Luis Carlos Galán o el coronel Valdemar Franklin Quintero. Esas fueron personas que dieron la vida para combatir la ilegalidad y a ellas es que tenemos que resaltar”, insiste el secretario privado de la Alcaldía, Manuel Villa, para respaldar la decisión de demoler el Mónaco, como estrategia para combatir la cultura mafiosa.

En contraste, algunos sectores de Medellín han pedido que el edificio donde vivió Escobar se mantenga en pie como un ejercicio de memoria. Pero reconstruirlo o volverlo habitable, según cálculos de la Universidad Nacional, cuesta $20.000 millones más que demolerlo. En consecuencia, después de ser búnker familiar de Pablo Escobar Gaviria, o de hacer parte de los listados de la extinción de dominio de sus bienes, el Mónaco, que también ha sido sede de compañías bananeras y de salud prepagada, o de marroquinera y servicios navieros, desaparecerá y le dará paso a un parque que se espera entregar en el segundo semestre de 2019, para honrar desde ese momento la memoria de las víctimas.

Federico Gutiérrez Zuluaga

“Sin querer, dimos espacio a que la ficción terminara contando la historia por nosotros”, agrega Villa, en clara alusión a la propagación de narconovelas y producciones sobre la vida de Escobar, que incluso han llegado a las pantallas de Netflix. “Desde la institucionalidad, queremos volver a contar la historia, la que honra a las víctimas y los héroes y no a los capos. Los turistas siguen visitando lugares como el edificio Mónaco, la casa donde murió Escobar o su tumba. Ahora queremos que se respete el dolor y no se haga más apología al delito. Que se sepa la historia real que aquí dejó miles de muertos. No nos puede temblar la voz en decir que hay símbolos de la ilegalidad como alias Popeye, youtuber que continúa haciendo apología a lo que hizo hace 30 años, que no pueden seguir siendo los referentes”.

El pasado 4 de abril, en acto público y clara demostración de apoyo del Gobierno a la iniciativa, los ministros de Defensa, Luis Carlos Villegas, y de Justicia, Enrique Gil Botero, en compañía del alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, tumbaron las primeras piezas del edificio Mónaco. En la misma ceremonia se anunció que la Sociedad de Activos Especiales (SAE) ya dio vía libre a la Policía para que administre el bien sin condiciones (como la que establecía que solo podía ser usado para el comando de la entidad). Ahora, en términos administrativos, solo falta que la misma Policía canjee el inmueble con la Alcaldía de la ciudad, para que ésta sea formalmente su propietaria y de inmediato se comience a diseñar la construcción que reemplazará al edificio.

De manera paralela a la discusión sobre el destino del edificio Mónaco se discute en la Alcaldía qué hacer con la escultura de 10 metros llamada La familia, que al parecer el escultor antioqueño Rodrigo Arenas Betancourt realizó para Pablo Escobar. La Secretaría de Cultura adelanta en la actualidad una investigación para verificar si la obra es original. De ser así, lo más probable sería integrarla al inventario artístico de la ciudad. De lo contrario, la decisión oscila entre fundirla para convertirla en otra obra artística para la ciudad o trasladarla a otro lugar, como por ejemplo al Museo Casa de la Memoria. Al respecto, todavía no hay una decisión definitiva.

Adriana Valderrama, directora de la Casa Museo de la Memoria, explica que este tipo de acciones pretende resignificar el tema del narcotráfico y posicionar nuevos referentes culturales. “A las víctimas de Escobar les genera indignación que el Mónaco sea un sitio turístico, sin entender su contexto. La demolición no es solo un derrumbe, sino la intervención de un espacio para volverlo público, para la reflexión ciudadana. Hay otros lugares que queremos integrar en esta estrategia. Tuvimos bombas en la 70, en la sede del Gaula de la época, en la plaza de toros de La Macarena, en el Parque Lleras. A finales de los 80 teníamos cuatro bombas al día. Si llega el turismo preguntando qué pasó, lo que deben reconocer y recorrer son los sitios de exaltación a las víctimas”.

Demoler lugares simbólicos de la violencia y construir homenajes para las víctimas es una manera de construir una memoria histórica. / Foto: Edificio Mónaco en Medellín. Archivo El Espectador

Gonzalo Enrique Rojas, una de las centenares de víctimas de Pablo Escobar en Medellín, coincide con Valderrama y agrega que resignificar esos espacios también puede ser la oportunidad para que la ciudadanía debata sobre en qué se deben transformar. Por eso plantea que la iniciativa sea pensada en otras ciudades golpeadas por la violencia del narcotráfico. “Solo cinco víctimas de Escobar hemos sido reconocidas en el marco de la Ley de Víctimas. Al menos este tipo de acciones contribuyen a sanar las heridas y a reivindicar los derechos de quienes han sido afectados”, añade Gonzalo Rojas, quien perdió a su papá el 27 de noviembre de 1989, cuando una bomba detonada por orden de Escobar en un avión de Avianca acabó con la vida de 107 inocentes.

Desde otro lado del mundo, un grupo de colombianos radicados en Estados Unidos, que también viven cansados del estigma mafioso multiplicado en series de televisión sobre los narcos colombianos, y que cada vez que dan a conocer su nacionalidad soportan chistes sobre Pablo Escobar Gaviria y la cocaína, bajo sus propias convicciones contribuyen a la campaña para cambiar los íconos de la memoria. Ciro Sarmiento, publicista de la agencia Dieste Inc y presidente del Círculo Creativo Hispano en Estados Unidos, tomó la vocería de esos colombianos indignados por la exaltación a Escobar y los suyos, e impulsa desde hace ocho meses una estrategia audiovisual que ha calado en las redes sociales.

Bajo la consigna “usamos el estereotipo para acabar con el estereotipo”, Ciro Sarmiento realizó, junto a otros creativos, una miniserie de cuatro videos para contrarrestar la mala imagen de los colombianos en el exterior por culpa del narcotráfico. Los personajes que aparecen en escena se asemejan a los de las narconovelas, pero sus conversaciones abordan temas como la literatura o la biodiversidad y en ellas interviene Diana Trujillo, la colombiana que trabaja en la NASA. Otra de las piezas invita a conocer al verdadero patrón de Colombia.

Se anuncia como el cerebro de uno de los movimientos más importantes del país. Las imágenes muestran cómo dos hombres llegan en una camioneta a una casa lujosa, descienden con un maletín y se dirigen hasta el despacho de un hombre que inspira poder.

Cuando él abre el maletín, se encuentra con varios libros del escritor colombiano Gabriel García Márquez, y luego discute con otros sujetos sobre si La hojarasca, Cien años de soledad y El coronel no tiene quien le escriba son las mejores obras del nobel de literatura colombiano.

El proyecto es apoyado por Bancolombia, el periódico El Colombiano y la Alcaldía de Medellín, y ha sido un éxito durante su primera semana de lanzamiento. Los videos han tenido casi 600.000 vistas y 20.000 compartidos en las distintas redes sociales. “En la primera etapa la respuesta fue principalmente de los colombianos, pero ahora los norteamericanos comenzaron también a compartirla. Nuestro primer objetivo es la audiencia norteamericana, porque es a la que le queremos cambiar su percepción sobre Colombia”, explica Ciro Sarmiento.

Son otros escenarios, pero la misma batalla de las autoridades de Medellín para que la gente y los visitantes dejen de exaltar imágenes o sitios asociados a narcos, y que se resalte a las víctimas o los verdaderos valores que identifican a Colombia.

 

Víctimas del narcoparamilitarismo que sí se deben recordar en Antioquia

Gustavo Zuluaga Serna

Magistrado del Tribunal Superior de Medellín asesinado el 30 de octubre de 1986, cuando se desplazaba en su carro en compañía de su esposa. Siempre le hizo sentir al capo Pablo Escobar que primero estaba la ley y eso lo puso en la mira del cartel de Medellín.

Pedro Luis Valencia Giraldo

Murió el 14 de agosto de 1987 a manos de sicarios que ingresaron hasta su casa en Medellín. Era médico, profesor de la Universidad de Antioquia, un abanderado de los derechos humanos y senador por la Unión Patriótica.

Luis Felipe Vélez Herrera

Catedrático de la Universidad de Antioquia asesinado a tiros el 25 de agosto de 1987 cuando ingresaba a la sede de la Asociación de Institutores de Antioquia, de la que era presidente. Su homicidio conmocionó al gremio, convertido en objetivo de los violentos. Este crimen fue declarado de lesa de humanidad, al igual que el de Héctor Abad Gómez.

Héctor Abad Gómez

Médico y presidente del Comité Permanente de Derechos Humanos de Antioquia, asesinado el 25 de agosto de 1987 por orden del entonces jefe del paramilitarismo en Colombia, Carlos Castaño Gil. Luchó por combatir la inequidad y para que el Estado diera igualdad de oportunidades a todos los ciudadanos, así como condiciones dignas para subsistir.

Antonio Roldán Betancur

Asesinado el 4 de julio de 1989, cuando era gobernador de Antioquia. Los atacantes confundieron su caravana de escoltas con la del esquema de seguridad del coronel Valdemar Franklin Quintero, por esos días objetivo principal de Pablo Escobar. El carro en el que se movilizaba el gobernador fue volado con 100 kilos de dinamita.

Valdemar Franklin Quintero

Asesinado el 18 de agosto de 1989, cuando oficiaba como comandante de la Policía de Antioquia. Lo mataron cuando el vehículo en el que se movilizaba se detuvo en un semáforo. Dio duros golpes al narcotráfico y concretó capturas como la de Fabio Ochoa, padre de los hermanos Ochoa.

Pablo Peláez González

Murió el 12 de septiembre de 1989 en un atentado en el que también falleció su conductor, Adalberto Rodríguez Lora. González se consideraba “un optimista frente al futuro del país si cada uno hace el aporte que le corresponde”, informó al día siguiente “El Colombiano”.

Jesús María Valle

Abogado y defensor de derechos humanos, asesinado el 27 de febrero de 1998 en su oficina. Se caracterizó por denunciar alianzas ilegales entre miembros del Estado y actores armados, así como la participación de miembros del Ejército en las masacres paramilitares de La Granja y El Aro, en Ituango.