Dibujos para no olvidar la masacre paramilitar de Las Brisas

El pasado 11 de marzo se conmemoraron 18 años de la masacre paramilitar de Las Brisas, en San Juan Nepomuceno, Bolívar. Rafael Posso la ha documentado (y ha sanado) por medio de estos trazos a lápiz.

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Con machetes y armas de fuego asesinaron, con lista en mano, a 12 campesinos de la vereda Las Brisas en el municipio San Juan de Nepomuceno (Bolívar)./ Ilustraciones: Rafael Posso.

El 11 de marzo, hace 18 años, 150 hombres uniformados llegaron a la vereda Las Brisas del municipio de San Juan Nepomuceno, en el departamento de Bolívar. La comunidad asegura que la tropa contaba con integrantes de las Autodefensas Unidas de Colombia y de la Fuerza Pública. Con machetes y armas de fuego asesinaron, con lista en mano, a 12 campesinos de la región a quienes acusaban de ser colaboradores de la guerrilla. La masacre fue cometida cerca de un árbol de tamarindo que era muy importante para la vida de la vereda. Allí citaron a los hombres a los que habían sentenciado a muerte.

La masacre se dio en medio de un recorrido de muerte que las Autodefensas Unidas de Colombia realizaron por los Montes de María. Entre el 16 y el 21 de febrero del 2000 los paramilitares asesinaron a 60 personas en El Salado, corregimiento de Carmen de Bolívar. El 10 de marzo llegaron a Mampuján, donde desplazaron a toda la población y secuestraron a siete personas para que los guiaran hasta Las Brisas, donde cometieron la masacre el 11 del mismo mes.

El horror de la masacre está retratado en los dibujos de Rafael Posso, familiar de tres de las víctimas. Posso empezó a dibujar y a liderar a la comunidad de Las Brisas tras darse cuenta que en la primera sentencia de Justicia y Paz contra Uber Banquez Martínez no nombraban a su vereda. Los dibujos los hizo entre 2009 y 2014. “Queríamos contar nuestra verdad”, dice.

Para elaborar cada pieza habló con los familiares de las otras víctimas y les pidió autorización para publicar las ilustraciones. “Lo que pasó al principio fue que fortaleció a la comunidad y empezamos a hacer catarsis”, cuenta Posso. Su esposa, hermana de dos de los muertos e hija de uno de ellos, no le ha dejado colgar los dibujos en la casa porque la afectan psicológicamente. Ha expuesto los dibujos en Cartagena, en universidades y colegios, pero ahora mismo reposan en una caja envueltos en vinipel.

Hace 18 años asesinaron, el mismo día y en el mismo lugar a: Wilfrido José Mercado Tapia, Alexis Rojas Cantillo, Dalmiro Rafael Barrios Lobelo, Alfredo Luis Posso García, José Joaquín Posso García, Joaquín Fernando Posso Ortega, Rafael Enrique Mercado García, Gabriel Antonio Mercado García, José Del Rosario Mercado García, Manuel Guillermo Yépez Mercado, Jorge Eliecer Tobar Pérez, Pedro Adolfo Castellanos Cuten.

Por la masacre hay dos sentencias de Justicia y Paz contra los exjefes paramilitares Edward Coboz y Uber Banquez, ambos ya pagaron la pena impuesta y están en libertad. Incluso han participado de iniciativas de reconciliación con la comunidad de Las Brisas. 

El monumento que está en la plaza Olaya Herrera es una muestra de esto, un campesino con su mejor traje montado en un burro, como se acostumbra los sábados cuando llevan al mercado sus productos. Fue también un sábado cuando los paramilitares perpetraron esta masacre. La escultura la diseñó Rafael Posso; la financió Edward Coboz y tiene los nombres de las 12 víctimas y del excomandante paramilitar. 

La Fuerza Pública, a su turno, construyó una escuela, como medida de reparación a la comunidad, pero tocó demolerla el año pasado porque quedó mal construida. Las víctimas tampoco han visto avances en la investigación contra los miembros de la Fuerza Pública, adscritos al batallón de Infantería de Marina de Malagana que, aseguran, participaron en la masacre.

Para nosotros, Las Brisas era el paraíso. Las viviendas eran de bahareque, había ganado y una vía por la cual sacaban los productos agrícolas para venderlos en la cabecera municipal de San Juan Nepomuceno.

 

En la vereda estaban Alfredo y José, mis hermanos de crianza, y mi tío Joaquín. A José le cortaron el cuello con un machete. Mi tío intentó resistir: le pegaron machetazos en el talón, el pecho, la nariz y el cuello. Alfredo murió degollado.

 

A Wilfrido Mercado le echaron un polvillo en la cara y pusieron a un perro para que, estando vivo, se comiera su rostro. Su compañera tenía un hijo en brazos y estaba embarazada. Le dijeron: “Vea cómo un perro se come a otro perro”. Hubo tortura física y psicológica. Los paramilitares aseguraron en versiones libres que no nos habían torturado.

En el tamarindo hacíamos encuentros culturales y deportivos. Ahí se tomaban decisiones, se enamoraba, se divertía. En la masacre colgaron del árbol a José Mercado y le cortaron los gemelos para sacarle información. ¿Para que dijera qué? No sabía nada, pero decían que nos mataban por guerrilleros. Cuando la esposa lo recogió al otro día, un paramilitar le dijo: “Mírelo, pero no llore”.

 

Yo iba hacia Las Brisas y todo el mundo venía. Hablé con el comandante de Policía para que nos acompañara y me respondió: “Si usted va, lo hace bajo su propio riesgo”. Yo le respondí: “Vamos así nos maten, porque ellos no son delincuentes y no voy a dejar que se los coma un golero (chulo)”. Yo tenía la esperanza de encontrarlos vivos, aunque la gente me decía que los habían asesinado.

 

Cuando iba llegando al tamarindo vi a mis familiares muertos sobre unos caballos. Lloré como cinco minutos, mi mente se bloqueó y empecé a ver todo como normal. Habían quemado una casa cerca y los cuerpos se alcanzaron a quemar. Saqué mi pañuelo para limpiarle la sangre a Alfredo y me quedé con un pedazo de piel en la mano.

 

A los Mercado los trajeron de otra forma: a lado y lado de los animales. Estaban descompuestos e hinchados. Les pusieron bolsas en las cabezas porque los habían degollado y tenían miedo de que se les cayeran las cabezas, que bamboleaban como un péndulo. Los trajimos a San Cayetano y la gente les hizo una calle de honor. Lloraban con las manos en la cabeza.

 

Así trajimos al señor Castellanos. Él fue quien convocó a la reunión, por orden de los paramilitares. Él tuvo la oportunidad de escaparse, pero no pudo, quedó como muerto en vida, sentado en un andén. Imagínese la impotencia de ese señor. Más tarde lo asesinaron en el cementerio.

 

No estuvimos de acuerdo con la primera sentencia de Justicia y Paz contra Uber Banquez Martínez, conocido como “Juancho Dique”, porque ahí no mencionaban a Las Brisas. Apelamos y fuimos incluidos en una segunda sentencia. En la primera ni siquiera aparecía mi nombre.

 

Nosotros estamos acostumbrados a sacar algo positivo de todo lo malo. Las flores de este dibujo representan a la comunidad y a todas las organizaciones que nos tendieron la mano. Nuestras almas quedaron desérticas, pero nació una nube repleta de rosas, de esperanza, para reconstruir Las Brisas.

 

La comunidad es como un árbol al que le cortaron el tronco con la masacre, pero las raíces son tan fuertes que empezaron a resurgir nuevos brotes. Empezó el retorno. Hay un Dios, un sol, una esperanza que nos empezó a iluminar para salir adelante. Lo estamos logrando. Antes no podíamos ni hablar.

La versión de Edwar Cobos

Edward Cobos Téllez, excomandante del Bloque Montes de María de las Autodefensas Unidas de Colombia, habló con este diario para explicar lo que llevó a la estructura armada a tomar la decisión de perpetrar la masacre de Las Brisas. Dijo estar avergonzado y calificó los métodos que usaron los paramilitares como “macabros”. 

Cobos fue secuestrado por una estructura del Eln y afirma que lo tuvieron en esa vereda. A pesar de que no descarta que eso motivó en parte el crimen dice que hubo tres argumentos más.

Las Auc querían tomar el control de la vía que comunica a Sincelejo con El Viso. También buscaban desplazar a la comunidad para restringir la entrada de víveres para la tropa de las Farc. Por último recibieron una lista de manos del Batallón de Infantería de Marina # 3 de Malagana con los nombres de supuestos colaboradores de la insurgencia.