La mujer que lideró la marcha contra las Farc en 2008, hoy pide reconciliación

Una década atrás, Rosa Cristina Parra, junto a otros jóvenes, movilizó a más de 11 millones de colombianos, quienes protestaron contra los actos violentos de la entonces guerrilla de las Farc. Hoy, tras la salida a la plaza pública del naciente partido Farc, Parra defiende que los excombatientes hagan política y cuestiona a quienes los agreden.

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Rosa Cristina Parra es comunicadora social de la Universidad de la Sábana. Tiene 42 años, una maestría en administración pública y actualmente cursa doctorado en sociedad y formación del conocimiento. Hoy vive en México./Archivo El Espectador.

Hace diez años, la prensa registró una movilización masiva y pacífica en todo el país alrededor de un solo mensaje: “No más violencia, no más secuestros, no más muertos, no más Farc”. Era 4 de febrero de 2008. El conflicto armado escalaba y no había una promesa que concretara su final. Hoy la exguerrilla, tras la firma del histórico acuerdo de paz de La Habana, se enfrenta a un camino minado de obstáculos, de odios e intolerancia, para materializar la idea de dejar las armas para hacer política y buscar los votos en la legalidad.  

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Rosa Cristina Parra, una de las protagonistas de la marcha de hace 10 años, junto a cuatro coordinadores más (Óscar Morales en Barranquilla; Pierre Onzaga en Bogotá, Carlos Andrés Santiago en Bucaramanga y Álvaro González en Nueva York), también es líder de Paz a la Calle. El movimiento que llenó las calles de Bogotá y otras ciudades del país, de cientos de personas tras la derrota del plebiscito en respaldo al acuerdo de paz alcanzado con las Farc. Un espaldarazo clave para sacar adelante el pacto y su refrendación en el Congreso a finales de 2016.

Ahora, desde su rol de activista en contra de la violencia, ya no rechaza a la Farc como partido político. “Los tenemos de este lado, del lado que queríamos hace una década cuando marchamos en su contra”, afirma Parra.También considera exagerados los ataques que ha recibido el partido de la exguerrilla y aboga por la reconciliación a partir de la verdad.

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Una década después de que lideró la marcha contra las Farc, esta guerrilla dejó las armas y se convirtió en partido político. ¿Qué piensa de las agresiones e insultos que recibió el candidato presidencial de la exguerrilla?

Lo dijimos durante el proceso de movilización el 4 de febrero de 2008 y lo digo hoy: lo que estábamos buscando es que se pasaran a este lado, al lado de la legalidad y se logró, pero a varias personas que conocí de la mesa de negociación en La Habana se los dije: a ellos (Farc) les falta conocer a la sociedad civil colombiana. El solo hecho de haber llamado a su partido igual que a su antiguo ejército hizo parte de un ejercicio de soberbia.

¿Qué piensa de los sucesos que han ocurrido en varias ciudades del país y en los que hasta puños ha habido entre militantes del Centro Democrático y la Farc?

Estos días han sido muy difíciles. Ver lo que pasó en Armenia y en otras ciudades, donde se ha promovido la violencia en contra de ellos (el partido de la Farc) me parece muy complejo. Sobre todo, porque a estas alturas del camino las personas que están promoviendo el odio son personas que han trabajado por la paz. Que en este momento no seamos capaces de asumir lo que ya pasó, creo que es lo más difícil para mí. Entre comillas, fue fácil movilizar al país en contra de las Farc, pero, sin duda, lo más difícil será el proceso de reconciliación. Yo tengo algo claro: nunca voy a votar por la Farc, pero yo los prefiero aquí, haciendo política, que en el monte como estuvieron durante más de medio siglo.

¿Por qué lideró esa movilización que quizá generó más odio hacia una guerrilla que hoy, ya sin armas, está viviendo abucheos y agresiones en las calles de Colombia?

Fue una necesidad personal de decirle a las Farc que no eran el Ejército del Pueblo y que no me representaban.

¿Qué pasó con el grupo de la movilización después de ese 4 de febrero?

Hubo personas que optaron por incursionar en la política electoral, otros fundaron una organización en Estados Unidos y, otros, como “ColombiaSoyYo”, que nos quedamos con gran parte del ejercicio y seguimos trabajando en temas de reconciliación. Al siguiente año, en 2009, hicimos una maratón de mensajes por la libertad y la reconciliación con personas desmovilizadas de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) y de las Farc, junto a las víctimas. Realmente era el primer paso para lo que queríamos lograr más adelante.

¿Esa visión se tradujo en el movimiento “Hagamos la paz"?

Fue un grupo espontáneo de varias personas con el fin de generar contenidos y argumentos que estuvieran vinculados a acompañar la reelección de Juan Manuel Santos y el acuerdo de paz en La Habana. Eso ya fue en 2014.

¿Cómo se organizó el movimiento tras el fracaso del plebiscito en las urnas?

El año pasado, unos meses antes de que se anunciara la fecha del plebiscito, me junté con un grupo de personas que participaron en la mesa de La Habana e iniciamos un grupo de argumentos alrededor del tema que se llamó “Es Ya es Ahora”. Viajé de México a Colombia a votar con la esperanza de que íbamos a ganar y no fue así. Ese día entré en depresión absoluta y terminé reunida en el Park Way (barrio La Soledad de Bogotá) con más de 600 personas, mucha de la gente que lideró las movilizaciones después del plebiscito. Ese día, lunes 3 de octubre de 2016, terminé encargada de coordinar las comunicaciones del grupo “Paz a la calle”. Luego salimos a marchar.

¿Cree que las personas que votaron y ganaron con el No en el plebiscito por la paz sean las mismas que hace una década se movilizaron para rechazar a la guerrilla de las Farc?

Es superficial decirlo así, porque, primero fue una coyuntura muy particular la de hace diez años. Era una situación de mucho dolor. En ese momento se vivía la coyuntura del proceso de liberación de Clara Rojas, Consuelo González de Perdomo y de Emanuel (hijo de Clara Rojas). Entonces, el aprovechamiento mediático del presidente (Uribe) y el boom de la red social Facebook propició el escenario para que pasara lo que pasó el 4 de febrero de 2008.

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¿Cómo lograr que esos millones de colombianos que hace 10 años marcharon en contra de las Farc hoy, sin estar obligados a respaldar al partido político de la exguerrilla, puedan aceptar su presencia en la vida civil?

Creo que necesitamos más procesos de ciudadanía que nos permitan entendernos. Necesitamos unos mínimos para vivir: en lo comunitario y para que no tengamos otro grupo armado ilegal por falta de espacios políticos o por falta de condiciones de desarrollo. Y eso nos va a costar mucho, pero es a lo que le debemos apostar. El mensaje es: aprovechar mucho mejor las redes de comunicación y seguir creyendo que este momento de Colombia es muy significativo porque por fin, después de 50 años, estamos hablando de que las Farc ya no están en el monte y de que no serán más la excusa de los políticos para mal gobernar a este país.