Una mirada desde la mitología a la paz de Colombia

Los colombianos y colombianas debemos contagiarnos de la sabiduría de los dioses, para tomar decisiones inteligentes de cara el proceso electoral que está por venir.

Por: Luis Alfonso Fajardo Sánchez Ph.D*

Las noticias diarias sobre el aumento de la polarización en torno a las candidaturas presidenciales que apoyan o no la implementación del Acuerdo de Paz, merecen un análisis serio para el cual nos sirve recordar la mitología clásica.

Me refiero especialmente al Dios Jano, El Bifronte, el Dios romano de las dos caras, una de ellas mirando al pasado y la otra mirando al futuro. Los romanos le atribuían, entre otras cosas, ser el inventor de las leyes y la agricultura. Pero especialmente decían, que era el Dios de los buenos inicios y de los mejores finales.

La leyenda nos narra que el Dios Saturno, tras ser expulsado por su hijo Júpiter y convertido en mortal, fue a refugiarse a las tierras  de Jano, rey de Lacio, en territorios de la actual Roma. Jano, no solo le ofreció refugio al Dios caído en desgracia, sino que lo trató de manera generosa y cordial. Luego Saturno, el Dios del tiempo, una vez recuperado en su divinidad, en agradecimiento, le otorgó a Jano la capacidad de observar, al mismo tiempo, el pasado y el porvenir para así poder tomar siempre la mejor decisión, por esta razón Jano es, también, conocido como el Dios de la sabiduría.

La metáfora y la simbología de Jano del Bifronte, nos sirven como reflexión para intentar buscar soluciones creativas a este momento histórico por el cual atraviesa el país. Jano es considerado el Dios de toda transición, todo cambio pasa por él y debemos entenderlo como un Dios que abre tiempos y puertas, también como un Dios tejedor de oportunidades.

La consolidación de la paz requiere buscar el equilibrio entre sus aspectos esenciales: La Verdad, la Justicia, la Reparación Integral y las Garantías de No Repetición. Si utilizamos la simbología de Jano El Bifronte, para lograr este equilibrio, debemos realizar esa doble mirada.

En primer lugar, debemos mirar al pasado, para reflexionar sobre todos los crímenes  ocurridos a lo largo de este conflicto armado interno y compartir el dolor de las millones de víctimas, militares, civiles, niños, mujeres y ancianos. Por ejemplo, los informes del Centro Nacional de Memoria Histórica, nos muestran los resultados de esta guerra fratricida. Esa mirada de Jano nos recordará que en los últimos cincuenta y cinco años de conflicto armado, 220.000 personas han sido asesinadas de las cuales, 166.069 fueron víctimas civiles.

Al momento de redactar esta columna, en la página Web de la Unidad para las Víctimas se registraba la cifra de  8’632.032 colombianos y colombianas quienes sufrieron a causa de esa guerra absurda. Podemos concluir, entonces, que los que tienen la mirada en el pasado tienen razón.

Segundo, en este preciso instante debemos mirar hacia el futuro. Por qué no pensar en una Colombia sin miedo que pueda cultivar la tierra sin temerle a las minas antipersonales, por qué no imaginarnos un país en el que los niños regresen a las escuelas, los empresarios vuelvan invertir y los dineros destinados a la guerra se puedan reinvertir en educación, salud y bienestar.

Las diversas formas de reparación que se están presentando actualmente en todo el país, las solicitudes de perdón por parte de los victimarios, la disminución radical de los combatientes heridos o muertos y la creación de mecanismos para la búsqueda de las personas desaparecidas, entre otros, son evidencia que si podemos mirar hacia el futuro con optimismo.

Jano, figura como Dios de la sabiduría, a partir de esa doble mirada del pasado y del futuro, debería contagiarnos a todos los colombianos y colombianas para tomar las mejores decisiones en el aquí y en el ahora.

Estas dos miradas que hoy tienen sumergido al país en medio de una total polarización, la que se niega, por ejemplo, a olvidar los horrores del pasado; y la que mira con esperanza el presente, se deben conciliar en este momento.

El pasado no puede convertirse en un peso tan abrumador que nos impida levantar la cabeza y mirar hacia el futuro. Todos los colombianos y colombianas tenemos algo de los poderes del Dios Jano, los que miran al pasado y los que centran su mirada en el presente, ahora nos corresponde aplicar su otra virtud, la sabiduría.

*Profesor Investigador de la Facultad de Derecho Universidad Libre