Estas elecciones hay de donde escoger…

Al Congreso hay con quien llegar. El asunto es que de tanto nombre y tanta oferta, cómo escogemos, porque a veces queremos seguir viendo partidos y colectividades. Siglas y no rostros e historias concretas.

Hace 28 años, el 11 de marzo de 1990, fui elegida para la Cámara de Representantes por Bogotá y Cundinamarca. Era la primera parlamentaria elegida luego de que el M-19 firmara la paz el 9 de marzo, dos días antes. Nuestra consigna era que una golondrina sí hace verano, pero estaba asustada y me sentía como mosca en leche pisando el Congreso. Llegué con un montón de ideas, buenos propósitos, proyectos y cargada de las expectativas de mucha gente que esperaba que hiciera milagros.

Desde entonces han pasado muchas cosas, el país ha cambiado para mal, pero también para bien. Es evidente la crisis de los partidos. Notorio el cuestionamiento a instituciones como el Congreso por los temas conocidos. Las redes sociales, las vallas, los mensajes, y los medios nos agobian con la polarización. La dispersión y la amplitud de la oferta de nombres y rostros tienden a saturarnos. Sobre todo, nombres que se tienen que volver números. Pero no nos podemos quejar de falta de opciones.

Opciones moderadas y conciliadoras. Posturas radicales y de confrontación. Los que beben de las fuentes del pasado y los que sólo quieren mirar hacia adelante. Nuevos  liderazgos. Nuevos rostros. Emprendedores y renovadores. Muchas mujeres jóvenes,  valerosas e inteligentes. Hay un nuevo actor que dejó la guerra y le apuesta a abrirse un espacio en medio de tanta resistencia.

Al Congreso hay con quien llegar. El asunto es que de tanto nombre y tanta oferta, cómo escogemos, porque a veces queremos seguir viendo partidos y colectividades. Siglas y no rostros e historias concretas. Hoy nos toca discernir mejor e hilar más fino. Leer que hay en los rostros y detrás de las promesas.

Hay mucho lugar común, y seguro que hay una política que está podrida. Pero no es cierto que la política esté podrida. Como siempre, en medio de la enfermedad, aparece la salud. En vez de apatía, surgen muchos que quieren transformar la política con nuevas prácticas y apuestas.

No está fácil, ni la escogencia ni el panorama. Pero hay de dónde escoger. Hay un panorama revuelto y complejo, pero hay panorama.

Nos jalan las lealtades históricas, pero sobre todo las nuevas generaciones de mujeres y hombres que han redignificado la política, reconciliadas consigo mismas. La gran ventaja que hoy tenemos quienes no aspiramos a ser elegidos, es que ya no tenemos que alinearnos. La paz también es eso: el derecho a dudar, a pensar, a escoger. A no tener posturas acabadas ni verdades establecidas. A optar, incluso el mismo 11 de marzo frente a esa inmensa sábana.