El subsidio que les deben a los jóvenes cocaleros

Recolectores o “raspachines” de zonas donde se erradica, bien sea por Mindefensa o por el Programa de Sustitución, se están yendo de sus municipios. Unos están siendo "invitados" a enrolarse en grupos armados.

Además de indios y negros, las mujeres y los jóvenes han sido los otros grupos poblacionales que no han sido incluidos en planes de sustitución de cultivos. En el caso de ellas, suele recordarse el programa “mujeres ahorradoras” a través del cual se orientó el pago de subsidios. Esa iniciativa fue aplaudida por organizaciones sociales de territorios rurales en los que está probado que las mujeres son austeras en el gasto, están pendientes de las necesidades del hogar, de lo que requieren los hijos, no se gastan el dinero en licor como suele suceder con los hombres, y además son capaces de establecer emprendimientos con pequeños apoyos “semilla”.

Los adolescentes y jóvenes han sido mencionados en los programas de sustitución de cultivos pero en poquísimos casos han logrado acceder a oportunidades. Sobre su inclusión (muchos de ellos sin mayoría de edad pero ya con obligaciones de padres), no se tienen grandes lecciones. Ellos son vistos como “menores de edad”, apenas como la mano de obra de los cultivos declarados ilícitos.

En la defensa de la coca, los raspachines son los primeros que encabezan las protestas, hacen parte de comités cocaleros veredales, acuden a bloqueos en defensa de los cultivos, salen a las carreteras e incluso se enfrentan con las autoridades para defender “su trabajo”; unas veces patrocinados por los dueños de las chagras y otras veces porque el ímpetu juvenil los lleva a ponerse al frente. Enseguida de las protestas vienen las mesas de negociación con las instituciones, después los pactos firmados por los dirigentes, y luego en lo pactado, los beneficios acordados son para los dueños de la tierra o de las plantas. Los cogedores de hoja casi siempre quedan por fuera de los acuerdos.

En el acuerdo de paz entre gobierno y FARC EP, por primera vez hubo una clara redacción a favor de los recolectores. Se dijo que ellos también sufrían una quiebra en sus ingresos en el momento de la erradicación de los cultivos (fuese ésta voluntaria o forzada), se les reconoció como jornaleros del campo y se estableció el reconocimiento de un bono alimentario durante un año, a cambio de ayudar a “levantar las matas”. A principios de 2017, se acordó por las partes inmersas en la implementación del PNIS, que ellos debían estudiar o trabajar en tareas comunitarias para lo cual tendrían que organizarse y concertar los trabajos a realizar.

Aunque hay avances en la eliminación de cultivos en varias zonas del país, desde el PNIS no se ha avanzado en el caso de los jóvenes. El Observatorio de cultivos y cultivadores declarados ilícitos OCCDI GLOBAL, en su acompañamiento al proceso en municipios “piloto” ha constatado que solo tres juntas de acción comunal lograron un entendimiento con la ONUDC, en 11 veredas del municipio de Briceño Antioquia. Estas Juntas asumieron, desde marzo pasado, la responsabilidad de ser intermediarias de los recursos para 136 jóvenes. En el resto del país apenas se empezó a hablar del tema.

A esta fecha, el gobierno no ha materializado en las demás zonas este compromiso del acuerdo de paz, a pesar de que desde junio anterior la coca fue arrancada. La expectativa está prevista para quienes tienen mas de 18 años de edad. Los recolectores con menor edad están por fuera. Muchos de éstos a temprana edad ya son padres de familia y tienen obligaciones económicas. La salida de los cultivos y la falta de inclusión les hace vivir un periodo crítico que termina unas veces en migración a zonas donde el “estado no joda” (como me dijo un muchacho en una reunión recientemente), o son presa fácil de grupos armados que les echan el cuento de las armas como alternativa.

Varios cuellos de botella se han presentado en terreno. Los recolectores fueron inscritos en el programa de sustitución en las asambleas veredales, pero no en todas las veredas ellos se han organizado y menos han concertado qué quieren hacer. A su vez, la elaboración de protocolos, para este tema, por parte del gobierno se ha hecho lenta. La oferta educativa en las zonas apartadas no es clara, no ha llegado o implica que los jóvenes salgan de sus veredas a centros urbanos. La revisión de censos, por parte de ONUDC, ha conllevado varios meses y novedades que terminan en un menor número del inscrito inicialmente. Trámites que no son resueltos en campo tienen que subir a Bogotá o hasta Viena para resolverse. A esto se agrega que las Juntas de Acción Comunal (órganos que fueron seleccionados para la administración de los fondos), en muchos casos no cumplen los requisitos para contratar con el Estado o con Naciones Unidas. Además, los jóvenes tienen que firmar contratos individuales y por tanto afiliarse a seguridad social. A esto se suman los tramites de bancarización, los recursos para herramientas o los materiales necesarios para los trabajos.

Por ahora, pareciera que la falta de avances es culpa de las comunidades por no  tener sus juntas o asociaciones con los debidos requisitos. Las Juntas dicen que a pesar de contar con los papeles y poder contratar no recibirán por ese servicio ningún apoyo para administración o fortalecimiento organizativo. Incluso, algunas Juntas se han negado a firmar los memorandos de entendimiento propuestos aduciendo que no quieren quedarle mal a los jóvenes, teniendo en cuenta los retrasos e incumplimientos gubernamentales.

“El subsidio que nos deben” (como me dijo una joven que quiere ser técnica del SENA), debe llegar rápido allí donde la muchachada está expuesta a las invitaciones de grupos armados activos. No es conveniente que las zonas donde hubo coca y había muchos jóvenes se queden sin ellos porque éstos se van con su alegría “a raspar a otra parte”. Si esas zonas se quedan habitadas solo con la generación vieja no habrá ni siquiera mano de obra vigorosa para establecer los proyectos productivos que se espera lleguen en reemplazo de las economías que se pretenden sustituir.

 

@PedroJoseArenas