De exguerrillera a senadora

Una conversación con Sandra Ramírez, la compañera durante 25 años de Manuel Marulanda Vélez, fundador de las Farc, y gran amiga de Jacobo Arenas. Este es su paso de la guerra a la política.

Sandra Ramírez es una mujer de estatura pequeña pero recia como un roble. Su entonación y gesticulación delatan una mujer curtida por la disciplina militar, pero tiene también una ternura cultivada en la selva, a la cual llegó desde los 17 años. No deja uno de imaginarla con la casa al hombro y el fúsil en mano, atravesando montañas.

-Eran marchas muy largas, con equipos de campaña que pesaban muchísimo-, evoca Sandra.

Sandra fue además la compañera por 25 años de Manuel Marulanda Vélez, fundador de las Farc y gran amiga de Jacobo Arenas, otro de los históricos que supieron resistirle al entonces gobierno de Guillermo León Valencia en los 60, rompiendo cercos militares con tan solo 44 guerrilleros. Eran en realidad campesinos con escopetas.

De Manuel, el "cucho”, como según dice se le conocía popularmente, guarda muchos recuerdos, pero tal vez sea esa relación con el campo lo que más le impresionaba de su antiguo amor.

-Era un hombre tierno-, sonríe Sandra.

-Pero parecía demasiado rígido-, repuse.

-Claro, era el comandante, pero era tierno-, insiste ella.

Explica, como dibujando con las manos, que su excompañero no consentía ningún tipo de maltrato con los animales y que a veces les hacía cargar hasta con gatos cuando emprendían las marchas. Que un día hirieron a un gallinazo rey de un balazo, y él les hizo construir una casa para el animal y alimentarlo hasta que pudiera alzar vuelo.

-¿Cómo es que un hombre de esas dimensiones termina en la guerra?-, pregunté.

-Por lo que todos terminamos ahí-, me contestó.

Después explicó.

-Él era un dirigente liberal, lo persiguieron para aniquilarlo y le tocó irse pal monte a defender su vida, allá se encontró con otros a los que también los perseguían y muchas familias que huían- dijo y me miró a los ojos.

¿Y entonces comienza la guerra?-, pregunté.

-Claro, ellos como campesinos pedían mejorar las condiciones de vida y la respuesta fue plomo-, explica.

Sandra que es madre, mujer, campesina y compañera sobrevivió en el monte a bombardeos, persecuciones, hostigamientos, al Plan Colombia y al Plan Patriota, que como pilares de la temida Seguridad Democrática juraba exterminar de una vez por todas a la entonces guerrilla más vieja del continente.

-Pero no lo lograron-, sostiene.

-¿Cómo resistieron semejantes planes?-, pregunté.

-Con disciplina, trabajo colectivo y mucha moral-, asegura.

Por un momento se le aguaron los ojos.

-Nos dieron golpes durísimos, claro que sí, pero no nos aniquilaron-, continúa.

Recuerda que cuando bombardearon al “Mono Jojoy”, fueron los campesinos quienes ayudaron a la tropa herida, fue el pueblo el que les llevaba comida, sábanas, y enseres, muy a pesar de que al otro lado de la montaña el Ejército esperaba la salida de los guerrilleros heridos para eliminarlos de la faz de la tierra.

-¡Pero sobrevivimos!-, dijo de pronto.

-Y aquí estamos-, complementó.

Hicimos una pausa para un trago de café.

-¿Y ahora al Senado de la República? -, le dije.

-Así es, nada fácil quitar la estigmatización, pero se puede-, respondió convencida.

Justamente, con esta fortaleza de hacer de las adversidades más temidas como las de la guerra nuevas oportunidades, me pregunto si no es ahí donde reside la fuerza que puede tener hoy las Farc, para construirse como una verdadera alternativa política.

-Es complicado Sandra, en un país tan polarizado y que apenas intenta salir de la guerra-, reflexioné en voz alta.

-Así es, pero no imposible, y estamos convencidos de que este es precisamente el momento histórico-, explica.

-¿Cuál?-, pregunto inadvertido.

-Pues hacer política sin armas, construir una alternativa política para cambiar el país-, explica con las manos.

-¿No temen que pase lo de la UP?-, pregunto.

-Claro, es un riesgo, pero debemos afrontarlo-, responde.

-Mejor dicho, ya está pasando, ¿no?-, digo de nuevo.

-Eso parece, eso parece-, responde pensativa.

Nos quedamos en silencio. Amanecerá y veremos.